La Herida

Algunas de las malas actitudes o gestos mal humorados de algunas personas, no son causadas por algo personal contra ti, puede que exista algo más allá de esa reacción.

Había una mujer que tenía mucho amor hacia los animales y por esa razón cuidaba y daba cobijo a perros que encontraba en la calle. Un día vio a un perro herido y se dispuso a rescatarlo, ella siempre trataba de hacerlo con mucho amor para que el animal le tuviera confianza y de esa manera, ponerlo a salvo y poder curarlo. Pero ésta vez fue diferente, porque cuando lo agarró, éste le clavó los dientes. Inmediatamente ella fue a hacerse vacunar, pero lamentablemente la enfermedad de la rabia no se le quitó.

Al principio no encontraba motivos para entender el por qué de lo sucedido, pues que alguien haga daño a quien lo maltrata es tolerable, pero que alguien trate mal a quien lo quiere ayudar, no es aceptable. Con el tiempo y la experiencia, llegó a comprender lo siguiente, que el perro no la había mordió, sino su herida; ahora entendía perfectamente todo lo ocurrido.

Cuando alguien está mal, no tiene paz, tiene herida el alma y si recibe amor o un buen trato, ¡Muerde!, pero no es la persona la que hunde sus dientes, es su herida la que los clava.

Ésta historia nos lleva a comprender el malestar de las personas que nos rodean. Cuando alguien te grita, te ofende, te critica o te hace daño, no lo hace porque desea tu mal, sino porque está herido, herido del alma, se siente mal o algo malo está pasando en su vida. Lo dañaron y no encuentra la forma de sacar todo ese dolor.
Ese es el momento más oportuno para apoyar a esa persona. No te defiendas ni lo critiques, más bien compréndelo y ayúdalo.

“A los que están dispuestos a escuchar, les digo: ¡Amen a sus enemigos! Hagan bien a quienes los odian. Bendigan a quienes los maldicen. Oren por aquellos que los lastiman. Si alguien te da una bofetada en una mejilla, ofrécele también la otra mejilla. Si alguien te exige el abrigo, ofrécele también la camisa. Dale a cualquiera que te pida; y cuando te quiten las cosas, no trates de recuperarlas. Traten a los demás como les gustaría que ellos los trataran a ustedes. Lucas 6:27-31

Ora a Dios por ellos, pues ”El sana á los quebrantados de corazón, y liga sus heridas.” Salmos 147:3
Tal vez al tratar de ayudar, recibas al igual que ésta mujer, una mordida, algo que te lastime, pero no te agarres de ese acto doloroso, al contrario, has que eso active mucho más el amor que Dios te dió para compartir y tu deseo de ayudar. Esto no significa que dejes que te humillen o maltraten, sino, le harás entender a esa persona que estás ahí para lo que necesite y que cuenta con tus oraciones también. Lo demás lo hará Dios.

La mordida que puedas recibir no está dirigida a ti, es tan solo la expresión de auxilio del dolor que está sintiendo esa persona.

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