NUESTRO ESCUDO

“Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y que Jehová esté contigo”.  (1 Samuel 17:37)

En ocasiones llegamos a pensar que somos personas valientes por nuestras fuerzas o capacidades, que somos lo que somos gracias a los riesgos que estuvimos dispuestos a correr, y a todo aquello que enfrentamos para llegar hasta ahí, pero cuando fallamos, cuando no logramos alcanzar la meta que nos habíamos propuesto, entonces es ahí, cuando entendemos que las victorias obtenidas anteriormente no provienen de nuestra labor, sino de la gracia de Cristo depositada en nosotros.

Nuestra valentía no podrá ser entonces confundida con vanidad, somos realmente valientes cuando damos el siguiente paso solo porque el Señor así nos lo ha ordenado, sin importar si no vemos la meta, o si parece difícil de lograr, aún cuando no sea aparentemente lógico lo que se nos este mandando a hacer, procedemos a realizarlo porque confiamos con una fe inquebrantable en que Su voluntad es superior a la nuestra, y Sus caminos y métodos perfectos para alcanzar el propósito.

Hoy determinémonos únicamente a obedecerle a Dios con un corazón humilde y servicial, que se mantenga atento a Su voz, para dar cada paso con la convicción de que lo estamos haciendo por y para Él, donde los miedos y temores que se puedan levantar en el camino, sean derrotados para glorificar Su nombre, y que la bendición venidera por causa de la obediencia de nuestras vidas para Él, sea el testimonio más grande y visible que tengamos para compartir con otros, aportando todo de nosotros por ganar almas para Cristo.

Habla en la intimidad con Dios, y pide que deje descender sobre ti el fuego de Su Espíritu Santo, que reavive la pasión por Sus cosas en tu corazón y el deseo intenso de servirle con todo.

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