Paz con todos

“Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” (Romanos 12:18) 

Debido al sistema del mundo en el que vivimos, hemos aceptado la idea de que vivir en paz con los demás es no entrometernos en sus circunstancias o situaciones, lo que nos ha llevado a desinteresarnos por la vida del otro, a perder aquella sensibilidad por las situaciones adversas que pueda estar experimentando e inclusive a no sentir alegría por sus triunfos o victorias, rompiendo los lazos de hermandad que Cristo vino a establecer al hacernos hijos y coherederos de Dios en esta tierra.

Es necesario que aprendamos a no transgredir la intimidad del otro, pero si procurar su bienestar, siendo verdaderos discípulos de Cristo, interesándonos por la restauración del hermano caído y no por la falta que haya cometido, es en esos actos de misericordia, que prospera nuestra alma y podemos convivir en verdadera paz y armonía los unos con los otros.

Seamos personas con abundancia de amor en nuestros corazones para actuar, es eso lo que busca el Señor en un verdadero adorador, hijos que prosperen primeramente en su espíritu, y que esa bendición sea tan fuerte, que de forma sobrenatural haga prosperar su alma y su cuerpo, ocasionando la activación del Poder del Señor a nuestro favor por alcanzar gracia delante de Sus ojos, llevándonos a ese nivel de gloria en el que sólo Él puede llegar a colocarnos, disfrutando de una bendición completa, que traspasa el tiempo y el espacio hasta llevarnos a la vida eterna.

Reconcilia tus diferencias con aquellos que te han herido o haz herido, y permite que el amor de Cristo los embargue por completo para de esta manera ser bendecido y ser bendición para otros.

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