Búscalo a él primero

Cada día damos lo mejor de nosotros mismos para alcanzar nuestras metas, sueños y anhelos, estamos dispuestos a sacrificar diversas cosas por ello, tiempo en familia, salud, juventud e incluso nuestra relación con Dios, todo en caminado a lograr la prosperidad o por lo menos lo que consideramos es prosperidad en el mundo, olvidando que fuera del Señor nuestros dones y talentos no tienen el alcance que pueden llegar a desarrollar en Él, debido a la gran diferencia que hay entre labrar nuestro camino en nuestras propias fuerzas y caminar por el sendero que ya el Señor preparó para nosotros con un propósito.

Somos realmente prósperos cuando buscamos la presencia de Dios, cuando somos llenos de Su Santo Espíritu y cuando perseveramos en Su obra, y aunque lo hagamos con un corazón humilde y desinteresado, sin esperar nada a cambio más que agradarle al Padre, es precisamente Él quien en Su infinita misericordia y amor nos lo retribuye, y a diferencia de las recompensas que ofrece el mundo, la recompensa que proviene de los Cielos es de total bendición.

Si queremos ser verdaderamente prósperos solo basta con buscar la justicia del Señor, mantenerse en obediencia a Su palabra y vivir para adorarle, pues si nosotros nos encargamos de las cosas de Su Reino, Él se encargará de las cosas que nos ha confiado, nuestra familia, nuestra vida, nuestro empleo, nuestra educación, y todo lo demás que incluso no hemos planeado, pero que Él por amor nos tiene preparadas como fruto de testimonio de la transformación que tenemos cuando vivimos en el Señor y Su Espíritu en nosotros.

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