Desafiados a obedecer

Miqueas 6:8-11

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. La voz de Jehová clama a la ciudad; es sabio temer a tu nombre. Prestad atención al castigo y a quien lo establece. ¿Hay aún en casa del impío tesoros de impiedad, y bolsa de pesas engañosas?

El profeta le llama la atención al pueblo en esta ocasión por su indiferencia hacia Dios, y les recuerda todo lo que el Señor ha hecho por ellos, porque al parecer el pueblo lo había olvidado, según su comportamiento con el Señor, y les enseña además la importancia de ofrendar, pero con amor, porque llevar holocaustos al Señor simplemente por costumbre o, por no quedar bien ante los demás, no era lo que Dios esperaba de un pueblo por el cual había hecho tantos prodigios. Han pasado muchos siglos, desde entonces; el Padre celestial, luego tuvo que enviar a su propio Hijo y su sacrificio en la cruz, significó nuestra liberación, perdón de pecados, sanidades y un triunfo impresionante de Su pueblo sobre Satanás. Ese es el maravilloso y misericordioso Dios que nos ha dado una vida nueva y buena.

Ahora, nos corresponde a nosotros, no olvidar qué ha hecho en nosotros, comprendiendo que la demanda del Señor para nosotros -su Israel espiritual-, sigue siendo la misma: Ser justos, amar misericordia y humillarnos siempre delante de Dios. Es decir: ser honestos, sinceros, no hacer daño a otros y dar a cada persona su lugar. Misericordiosos con quienes nos rodean, ayudar al necesitado y buscar al pecador, para que se vuelva a Cristo. Humillarnos, es dejar todo orgullo entender, que somos lo que somos por Él. Entonces, pongamos siempre estos principios por obra, como nuestro estilo de vida; así manifestamos obediencia a quien tanto nos ha amado. Amén

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