Yo soy, no temáis

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar, llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras alma; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.   Mateo 11.28-30        

Mi hijo de tres  años le tiene miedo a las tormentas eléctricas, hace poco, mientras nos disponíamos a acostarnos, escuchamos truenos a lo lejos. Él quiso dormir en nuestra habitación, acostado en el piso. A las 12.30 de la noche, un trueno muy fuerte me despertó. El viento rugía. Los relámpagos resplandecientes iluminaban el cielo, y los truenos restallaban como un látigo de caballo. Pero Ezequiel durmió durante toda la tormenta.

Él se veía calmado y tranquilo en el piso. ¿Por qué?

Él sabía que estaba cerca de su papá. Aquello me hizo pensar:

¿Confío yo en mi Padre celestial como Ezequiel confía en mí?

¿Qué tal cuando los ahorros son bajos y nos llega otra cuenta del médico por pagar? ¿Puedo poner el futuro de mis hijos en sus manos? ¿Qué puedo hacer para cambiar las cosas? Mis propias obras y esfuerzos son de muy poca ayuda con relación al futuro. Solo Dios tiene la llave. Tal como Ezequiel tuvo confianza en mí, así yo debo tener confianza en mi padre celestial.

La preocupación es como una silla mecedora; te da algo que hacer, pero no te lleva a ninguna parte

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