Nunca regresar

Y quedará en aquella ciudad hasta que comparezca en juicio delante de la congregación, y hasta la muerte del que fuere sumo sacerdote en aquel tiempo; Josué 20:6

Talmon se sentó encima del gran muro que rodeaba la gran ciudad de Hebrón. Al fijarse en las montañas de Judea y al recorrer con su vista los picos más altos, su mente viajo a casa. Se  dio cuenta que probablemente el no estaría vivo sino fuera por esta ciudad y el propósito que ella cumplía

Se acordó del suceso que lo había traído a esta ciudad. El y su vecino Ara un joven obstinado e impulsivo, había ido con sus hachas al bosque cerca de Ajalón. Ellos estaban tumbando árboles para hacer una nueva casa para Ara. Talmon tumbo un roble inmenso que aplastó a su amigo y lo mato. Talmon corrió a su casa para contarle a su familia lo que había pasado. Conociendo bien la ira implacable de los hermanos de Ara, Talmon pronto se despidió de su familia. Luego se dirigió al sudeste a través de las colinas hacia Hebrón. ¡Tenía que apurarse!

Él había sido absuelto de la culpa de asesinato premeditado, pero conforme a la ley de Moisés, él tenía que permanecer en Hebrón hasta la muerte del sumo sacerdote. Solo entonces podría regresar a casa.

                Nosotros también somos
perseguidos por el juicio. A diferencia de Talmon hemos sido encontrados
culpable en el tribunal de Dios. Pero Dios en su misericordia ha provisto un
refugio para nosotros.

Jesús no solo es nuestra “ciudad de refugio”, sino que él también se convirtió en el Cordero de Dios para quitar nuestros pecados. Además, en nuestro eterno Sumo Sacerdote. Ya que él nunca muere, tenemos que morar en el para siempre. ¡Nunca más tenemos que regresar a nuestra antigua vida!

Conocer a Cristo y luego apartarse de el es el peor de los absurdos.

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