CLAMOR HUMANO

Mientras corría a 240 kilómetros por hora, Alessandro se miraba los brazos, brazos por cierto fuertes. Y mientras iba aumentando la velocidad, se felicitaba por tener brazos así de fuertes. Aun cuando llegara a 360 kilómetros por hora, los brazos de Alessandro, astro Italiano del automovilismo, mantendrían firme su vehículo.

Pero un día, fuera de las pistas, se acercó demasiado a una de las palas de la hélice de un helicóptero, y ésta le cortó el brazo derecho a la altura del codo. El brutal golpe le seccionó el brazo. Alessandro tuvo apenas tiempo de implorar: «¡Dios mío, no dejes que pierda mi brazo!», y se desmayó. Su padre recogió el brazo y llamó a la ambulancia. Llevaron a Alessandro y su brazo al hospital, y los cirujanos adhirieron el brazo a su lugar. Dios hizo el milagro mediante los avances de la ciencia médica. Alessandro volvería a competir.

Dios nunca deja de oír el clamor del hombre. Por medio del profeta Jeremías, dijo: «Clama a mí y te responderé, y te daré cosas grandes y ocultas que tú no sabes» (Jeremías 33:3). Dios, que todo lo sabe, siempre escucha el llanto de dolor del ser humano.

¿Podremos entonces confiar que en nuestro momento de calamidad Dios responderá a nuestro clamor? Aquí está el problema. Y no es de parte de Dios; el problema es de parte del hombre.

La persona que está más interesada en sí misma que en Dios, y por lo tanto no está en sintonía con Él, no puede recibir de Dios respuestas. No es que Dios no quiere, sino que no puede responder. Cuando el corazón del hombre está cerrado, Dios no traspasa esa puerta.

¿Qué podemos hacer para establecer una comunicación franca y continua con Dios? Jesucristo, el Hijo de Dios, nos da la clave. Él dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mí» (Juan 14:6).

Él es el camino: la vía hacia Dios. Es también la verdad: la realidad divina. Y es también la vida: la esencia misma de Dios. Para llegar a Dios hay que hacerlo por medio de su Hijo Jesucristo. Establezcamos una relación fuerte y permanente con Dios el Padre a través de Cristo su Hijo. Así nuestro clamor será oído y correspondido por Dios el Padre celestial.

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